otra vez ves

Por el día, la hora, la fecha, las condiciones y las negaciones, supe que desde mi nacimiento el amor tendría que ser así. En algún lugar del mundo sobrepoblado debe existir un hombre de características similares a las mías, de igualdades sociales parecidas, de carencias con el mismo molde, y de complementos perfectos. El problema era precisamente que estuviera en algún lugar de estos tantos miles de kilómetros a la redonda. Mentiría otra vez si digo que es imposible encontrarlo. Te encontré en mi ciudad cuando eras un caminante. Me hallaste perteneciendo a un corazón al que realmente no pertenecía. Tuviste miedo de mi cuando la promiscuidad nos encontró las venas. Y tuvimos miedo el uno del otro porqué algo sin querer nos estaba amarrando a un lugar donde jamás habíamos estado. La libertad la cambiaste de nombre y le pusiste el tuyo. Jugamos a nombrarnos y a descombrarnos, jugamos a retarnos nuestro propio ser y fuimos, distintos, pero fuimos. Sabíamos que un avión te esperaría pronto y el adiós sería eterno, ni siquiera en la otra vida compartiríamos cama, porqué la otra vida tuya es creíble por ti y la otra vida mía termina donde empezó la vida contigo. Te fuiste por peticiones mías de las que no me arrepiento pero si pienso de vez en cuando los domingos. Te fuiste porque tenías un camino más largo por recorrer y el espacio mío por reemplazarse. Te fuiste con ánimos de no volver jamás y aún así, sin querer has vuelto, a visitarme en mi cabeza, a visitarme cuando estoy desprevenida, a tomarme de la espalda y susurrarme como me gustaba, a gastarte mi piel y a comerte cada una de mis pecas. Venis de vez en cuando a recordarme que no te pertenezco, que no se cuanto tiempo pasamos sin jugar y si el tiempo que jugamos realmente suplió el otro que perdimos. Tardé en conocerte. No me interesa ya ni tu boca, ni tus labios, ni tu cuerpo, ni tus miradas, ni tu sonrisa, ni tu soft rock ridículo, ni tus malas canciones, ni tu pésima pronunciación. Me interesa pensar que tendré ganas de buscarte algún día, te llevaré conmigo como un turista por todas mis zonas y aprenderemos a tener intimidad por más tiempo. Hoy tengo una nostalgia que se suspende de un cigarrillo, otra vez la eterna respuesta de que no te encontraré ni disfrazado de otro elemento, y la constante pregunta de lo que pasó por tu cabeza cuando nos despedimos.

Jewish/"Cristian"

Israel Me senté allí como si no tuviera otro lugar donde encontrarme. Tenía los mismos pantaloncitos de siempre, esos que aunque existan ganas son difíciles de abrir. Estuve allí intentando que deslizara por mi garganta un poco más del etílico que hasta entonces mi cuerpo rechazaba por pura seguridad maternal adquirida con el juicio de mi progenitora antes de salir de casa. Las imágenes de un tipo vestido de batita se pasaban por mi cabeza. Me pregunté que hacía allí pensando en alguien que me obligaba a internarme en ideas impropias de mi felicidad. Terminé mi séptimo cigarrillo antes de que comenzara a llover. Un grupo de traficantes de miradas pasó obviamente apercibido por las chicas, uno de ellos, el primero, se robó mis ojos coquetos que entonces ya se veían afectados por el alcohol. Era de mi estatura, bronceado en la noche, sonriente como ninguno de los suyos, con un pelo ondulado que le adornaba la nariz recta y delicadamente puesta en su cara. Su ojos, como los de cualquiera, su boca, irrelevante… ¿ya hablé de su sonrisa? Me miró y conmigo percibió la demanda existente. Giré mi rostro para evitar mirarlo demasiado, pensé que se había dado cuenta que en mis ojos hablaba otro chico que ese día se había ausentado sin razón con una chica que supuestamente ya hacía parte de las EX. Seguí fumando. Sentí que alguien se sentó a mi lado. Era él. Un saludo fingido con ánimos de no parecer extranjero me aturdió el oído, sentí lástima que no fuera de aquí, pero me susurré a mi misma que los tipos de sombrero y poncho no eran precisamente para mí y dándome cuenta que traía un judío en su sangre sonreí. Me preguntó el nombre, no respondí ¿Qué significa tu nombre? Nacimiento, dije. Si averiguo tu nombre vas a bailar conmigo, me retó. Es difícil darse cuenta de las idioteces que uno sale a jugar a la calle y entonces jugué. Minutos después regresó, Natalia, me dijo. Y fuimos a bailar. Diez minutos después olvidé su nombre, era difícil de pronunciar, él dijo que lo llamara Franco, pero para mi inconsciente eso podía ser tranquilamente el nombre de un estafador. Preferí decirle Vos, además le gustaba profundamente. Caminamos intentando mezclar el inglés de un “backpacker” con el de una chica que salió la última vez a Suramérica. Coincidimos en un español mediocre. Pensé que ese miércoles sería una noche que el jueves no debería recordar. Las hormonas recibieron una orden que acataron inmediatamente y a la cuadra de preguntarle por quinta vez el nombre, le propuse un beso. Géminis, me dijo que era, yo simplemente dije Libra, sonrió con la felicidad de haberme encontrado. Yo dudé, otro de los gemelos en la lista del fracaso. Fuimos a uno de esos lugares donde no quieres que te vean, fuimos a bailar la música que obviamente yo no escuchaba, y por si fuera poco fuimos sabiendo que esa combinación tonta de sonrisas bonitas nos iba a quedar gustando. Corrí la calle y el corrió tras de mí, me dijo ¡Estás loca! luego él me llevó a la calle y me besó delante de los que al fin de cuentas no les interesa. Medellín Vi que me escuchó decir algunas palabras en inglés mientras estaba sentada fumando un cigarrillo. Probablemente podía hablar con ella algunas cosas que entendiéramos y más tarde llevarla a bailar. Traía una tristeza en sus ojos que podía confundirse con exceso de alcohol para ser tan solo un miércoles. Coincidimos miradas y entonces supe que podía sentarme justo allí, mientras terminaba un Marlboro que ella también fumaba. Le pregunté algunas tonterías, ya había escuchado que su nombre era Natalia, pero quería probar la magia que traía en su cabeza. Accedió a jugar algunas cosas de niños conmigo y terminamos caminando hacia un bar de salsa. Era la cara más linda y pícara que había conocido, retó con sus ojos cada uno de mis movimientos y en algún momento dijo algo agradable con mi pelo. Supe que era una mujer inteligente cuando decidió llevarme a un lugar desconocido, ella supo que yo lo supe y nos gustó a ambos. A unas pocas cuadras noté que se avergonzaba de algo, o que algo ocultaba. Un novio de batita blanca, me dijo luego. En la esquina me dijo que mi cara tenía ganas de un beso, y empezó el contador a sumar las bocas suramericanas. Cuando cruzó la calle justo antes de que le agarra la mano, me di cuenta que era una mujer libre. La seguí, era tan libre como yo podía serlo en mi ciudad, y me esforcé en que se diera cuenta de ello. En algún momento de la noche ya no estaba, intenté buscarla por mis alrededores, no la encontré. Fui al lugar de origen, allí se reía, seguramente yo también hacía parte de su contador de bocas extranjeras. Robé su celular y me fui. Al día siguiente nos vimos y fuimos a donde pudiera olvidar al puto chico de bata blanca. Israel-Medellín Se conocieron de la manera más tonta. Ella creía que podía tener una aventura con la libertad que el de bata blanca le había robado. Él pensó que era una mujer, tal vez un poco más grande que él, y que por ese simple motivo podían empezar a divertirse. Él supo que ella le mentía desde el principio, ella sabía que estaba jugando con él, que para el jueves ya no se acordaría y que esperaba que nadie la hubiera visto caminar de la mano de un tipo de pelo bonito. Fueron a bailar, a compartirse besos. Ella se escapó, pero no por demasiadas horas, poco después, el jueves que tanto juró que no se acordaría, se vio con él. Las hormonas de un pecado precioso aparecieron obedeciendo las sonrisas. Fueron al hostal, ella tenía un poco de miedo corriendo entre sus venas, la desnudes vino de pronto y con ella la idiotez propia de sentirse infiel. Las nueve, una hora que nunca esperaría llegó con la llamada del de bata blanca. Ella se fue de su cama, creyó que se había ido de su vida, y fue a buscar al que horas antes no sabía de sus nuevas ocupaciones. Se encontró con él y su ex chica, no sabía si seguía siendo ex. Lo saludó como si nada hubiera sucedido y él supo por otro olor y otro sabor de sus labios, que ya no le pertenecía. El sudor del otro se adhiere con facilidad a las entrañas de uno. En ese momento ella supo que lo había perdido. Regresó al hostal, el de sonrisa bonita la esperaba allí, fueron a caminar, a bailar, a jugar otra vez, y así se les fueron los días. Ese día ella traía un vestido con botas, acompañado cuidadosamente de la cara pícara que la caracterizaba. Sus amigos odiaron el momento en que él la conoció. El lunes de irían y ese día Israel no se fue. Se quedó unas cuantas semanas más en Medellín, partió y volvió con las ganas de verla, ella nunca quiso sentirse como se sintió. Y entonces, como si él fuera una obra de arte, las manos delicadas de esta mujer empezaron a escribir.

Las manitas en el cacao

Tenía chocolate en las manos cuando la pillaron. Olía a delicioso cacao con azúcar en altas cantidades. No corrió como lo hubiera hecho otro que debiera algo, no pensó en las consecuencias sino en decir la verdad. Tenía chocolate hasta en la nariz y el pedazo más lejos de su boca le iba llegando a la oreja. La miraron y la juzgaron un poco, le dijeron que esperaban eso de cualquier persona menos de ella, que acciones propias de otro tipo de niña, que ella no necesitaba hacerlo, que debería empezar a reevaluarse como persona. En fin. Tenía chocolate en las manos y la verdad hablaba más el chocolate que su carita de inocencia. Nunca trató de excusarse, y mientras la miraban se lamió los dedos uno por uno para no perder los últimos instantes de cacao, se limpió el pedacito que tenía en la oreja, y ni por error se bebió el vaso de leche que le pusieron al frente para desaparecer el sabor. Llegó a su casa un poco asustada, regañada y maluquita, nunca había comido tanto chocolate, estaba felizmente mareada, se acostó como se acostó la última vez que se había enamorado, también asteada pero con una sonrisa inmensa, también regañada, también asustada. Las ganas de vomitar venían de pronto, incontrolables con el fiel aviso de una próxima sobredosis. Algo tenía que ver el amor con el chocolate por eso la elección de un suicidio en altas cantidades de felicidad, así como el amor, un camino vestido de sonrisas a un adiós o una desesperanza. En fin, este cuento termina en que la niña ese día se orinó por primera vez en la cama.

El relato de un par de labios

Los labios rosados salieron a caminar por las carnes ese día con ganas de no encontrarse a ningún trozo del cuerpo que tuviera que ver con malas conversaciones o intenciones sexuales ocultas. Casi que preferían que les propusieran un mordisquito en el inferior o una exploración de boca con énfasis en lengua circulatoria. Los labios no sabían que esperar de esas carnes que ultimamente estaban ofreciendo demasiadas alternativas pero ninguna lo suficientemente tentadora. Aparentemente a unos labios le interesarían otros labios si quiere un besito, pero también le interesarían una nariz si quiere decir "solo te quiero", unas manos si quiere utilizar de manera sensual-divertida los dedos, unas orejas para una pequeña exploración respiratoria de la hormona que baila con el yunque del oido, pero a los labios no le interesaba ese día nada que tuviera que ver con nada. De hecho no querían caminar por las carnes sino por otro tipo de calles, desesperanzado del beso de otros labios, de la inocencia de un simple te quiero, de la vida sexual de unos dedos divertidos, del cliché beso de oído y como si fuera poco de otra mala conversación con los que ni siquiera le tramaban: ombligos, lunar de espalda, codos y rodillas. Ahi fue cuando cruzó la esquina de la castidad com un mensaje inocuo del dios carne, y se sublimó ante las mas hermosas pestañas que jamás habían golpeado sus comisuras con tan solo un parpadeo. Los labios encontraron lo que buscaban, una comunicación sin conversación, una sensualidad combinada con la mirada, un silencio que tuvieron que compartir. Los labios y las pestañas se gustaron, creo yo, porque el labio no queria más besos sueltos y las pestañas no queria tanta lágrima. Yo supongo que el fin dela historia, es que empezaron a divertirse.

TE QUIERO TE APORRIO

Pude decir "hijo de puta amor, y "hijo de puta asesino" y ahora te lo digo en la cara, el mas hijo de puta sos vos. Me hice adicta a la palabra "hijo de puta". Una de esas que no llega sola, se añaden felizmente otros adjetivos como respondiendo preguntas de un fácil crucigrama. Cerdo manipuladorcito de palabras que ni puedes pronunciar bien, porteño de ego, impostor de los cojones, creador de mierdas cerebrales parecidas a la bulimia, autosuficiente, convencido, coqueto sin creatividad y tras de todo perdedor de poker. Un asesino de vidas sin ninguna neurona con grasa, pedante, esqueleto, bolsa de pellejo, feo como una navidad y desconfiado como una tía virgen. Ladrón de todo, abogado de crisis, preservativo roto, borrachera de mamá, taxidermista amateur de pescados muertos, estaca de lata y tras de todo mal polvo. Culo plano, parece que llevas sentado años, mentiroso, resbaloso, pretensioso, sabelotodo de mierda, diccionario que tuve que dejar por falta de buenos significados, pecuecudo,, tan tonto como este insulto. Pareces cactus mal crecido y tras de todo no sabes tocar, pies torcidos, raro, mal nacido. Estúpido cabezón, una vaca es más rápida y tiene mas sentido de vida, pijasuave, no te quiere ni tu madre, te tropiezas con tus propias tonterías y piensas con la entrepierna. Definitivamente infectado por dentro, te ves y hueles a pecueca, a patada, a fino papel higiénico usado, jorobado, alopécico, mandamás, marxista, puto como una gallina, menuda pieza de cerebro, pelmazo, perista, vecino de Marbelle ¿ya dije mal polvo?
Que dia tan amarillo para ser tan nostálgico.

ULTIMO MINUTO

A las 4: 37 de hoy maté a alguien. La confesión, insuficiente; las razones, de sobra; las ganas; ninguna, se parecía más a una obligación, sin embargo lo maté. Empezó temprano cuando lo vi venir en la cuadra de la nueve, ese bloque de cemento negro donde a veces allí actúan. Siempre las mejores historias deben llevarse a cabo cerca de un teatro, para no sentirse asesino, sino actor, que es lo mismo, pues se asesinan a sí mismos con otro personaje que interpretan. Es un día extraño como cualquiera en Medellín y confieso lo que no debería ante el mundo insólito que me acompaña. Estoy sola, sola como puede estar cualquier asesino, sola como me han dejado los huesitos que comí cuidadosamente después de matar. Canibalismo dirían algunos, Caicedo entendería, ojala, porque yo no. Cuando lo vi comprar el paquete de cigarrillo rojos me pareció perfecto, lo mataría fumando, me fumaría toda, todo el veneno que tenía estaría en su sangre, rodando y carcomiéndose las entrañas que tanto me prometieron. Lo saludé y le pedí uno de los rojos. Me dio un beso fantasmoso. El humo salía prediciendo el peor incendio, pero debía ser más que cuidadosa, el fuego podía asustarlo. Lo lleve a la cama donde antes se habían consumado algunos recuerdos, le di los besos de siempre, en el lado del cuello de siempre, bajando cuidadosamente al importante ombligo. Lo miré sabiendo que era la última vez y no iba a alcanzar a serlo. Todo el mundo tiene derecho a morir feliz, dijo alguna puta alguna vez. Olía a su raza, a esa extraña que se mueve por el mundo buscando territorios que ningún dios prometió, a esa que huele un poco a lo que comen, mezcla de condimentos y sexo desmedido. A las 3: 22 suspendí lo apasionado. Lo miré pensando lo increíble que todo había sido, las ganas de que me devolviera las primeras células de mi piel, la necesidad de hacerme sentir más limpia o menos sucia, la culpa que por alguna razón extraña no se aparecía ni siquiera disfrazada de arrepentimiento. Le dije que me agradaba todo él, cada una de sus partes y que era hora de que pudiera realizarse algo superior al sexo en los carros, los besos en las calles y la pasión descontrolada. Lo único que se me ocurría era comerlo, comerlo todito, desgarrar cada una de sus partes sin excepción, saborearlas una a una y proponerle una historia todavía más emocionante. A las 4: 40 me llené del odio necesario y prendí el cigarrillo asesino. Le di un poco de humo de mi boca y luego mientras jugaba con su espalda lo dejé fumar lentamente. La nicotina lo mató de pronto. Sentí en sus huesos que dejó de respirar, suspiré al minuto 37. Ya estaba bien. Lo maté para que su presencia no se diera la vuelta por ahí de vez en cuando, no me besara de noche ni abrazara mi cinturita mal formada o acariciara con sus deditos mi nariz “increíble”, según él. Lo maté y me comí un poco de lo que quedaba quedando satisfecha. No me dolió. Son las 4:51 y ahora que escribo lo que sucedió hace unos minutos. No voy a decir que no tengo palabras porque realmente tengo de sobra. Estoy satisfecha pero duele. Buscaste ser matado, viniste vestido de perfecto y te fuiste como presa de un caníbal. Bienvenido al juego de la Nataliedad, donde unos ganan y otros pierden. Compartí un huesito con alguien a quien conoces. Es un amigo tuyo que me miraba, hoy hace parte de mi lista. Otro de tu raza, tímido, contrario a ti, espero no tener que matarlo algún día, que lo mates tu si puedes. Claro, lo olvidé, estas muerto. Lo siento por jugar a la muerte, pero en este juego de la vida hay que inventar historias de caníbales para pretender olvidarte. Informó para el Purgatorio, yo. Cambio y fuera.

PERDÓN POR OLVIDAR

Cuando alguien ha dejado de prometer se convierte en un asesino de esperanzas, pero cuando esa persona habla de más es un inconsecuente. Es mejor pedir perdón si es necesario, para liberarse de las culpas injustificadas y de los malentendidos de género, así se culpan a los facilistas y los derrochadores de corazones, se les dice un día: yo no merezco a alguien como vos y se elimina del mapa como si hubiera sido una nueva obra de teatro. Nadie tiene porque pedir perdón si no es necesario pero a veces la intensidad del caso lo justifica. Deberíamos olvidar que ese día quisimos porque ese día ya no está, que ese día soñamos porque ya los sueños se han ido para ser más sueños de lo que eran, que ese día pasó algo exraño que no se puede explicar porque precisamentela música intenta explicarlo todo el tiempo. Deberíamos simplemente olvidar, así nadie se preocupa por los pasados inocentes de nadie, y a nadie le vuelve a interesar la dramática historia de un alcoholico enamorado. Yo propongo una revolución al pasado sin sentido, si losminutos actuales son actuales esporque los de atrás los fue dejando el tren, ls que no están no están, los que olvidé olvidé, los que dejé pasar los dejé pasar (sí, cn todo el dolor del mundo), los que se quedaron pues ahi sobra café para todos, los que quieren pues que pidan, los que no quieren pues que hablen, los que mienten pues que actuen mejor, los que quieren jugar pues que jueguen y los que no se han podido sacar de adentro pues quien sabe que hacer con ellos, perolo más fiable, lo mejor de todo, lo mas seguro, es pedirles perdón porque tarde o temprano se van a tener que olvidar. Amén.

PASÓ ALGO

Pasó algo, su carita me dijo que podía, que nada perdía, que debería, que ni seme ocurriera y que sí, que tal vez funcionaba. Prefiero decirlo antes de que se me empiece a notar: yo quiero tener un secreto con usted (que sincera) donde se oculten los besos y por consecuencia se agudicen las ganas de corromper (demasiado sincera). Hoy definitivamente me pasó algo (que impulsiva) poner sonrisas en mi cara es fácil pero no ese tipo de sonrisas (sonrisas que no defino pero identifico). Somos demasiado distintos pero algo en cada uno sabe que en los ojos del otro hay un Noah que descubrir. Intentemos una locura que si no funciona pues al fin de cuentas fue una locura. Usted me produce una libertad que me gusta, por eso hoy digo"quiero", mañana no sé. Exceso de sinceridad, de impulsividad, de sonrisas. Suficiente por hoy, el siguiente paso es suyo, yo ya liberé mis palabras, por mí y por las condiciones de mi presente y el suyo, que empiece el juego ya.

LOVE IS A LOSING GAME

Siento que te tengo, siento que te tengo todavía entre mis manos, que te abrazo depronto, que no te has ido. Siento que lo que me duele adentro es lo mismo que sentías cuando te miraba. Siento que no te vas a ir hasta que yo me halla ido, siento que te voy a querer hasta que nadie venga porque nadie volverá. Siento que vas a hacer falta para toda la vida, porque ni en esta vida ni en otra voy a encontrar una libertad tan injustificada como la tuya. Siento que puedo llorar un mar entero. Siento que te vas a quedar, siento que no quiero que te quedes. Siento que tengo que olvidarte, mañana será tarde, tengo unas pocas horas para hacerlo, las horas en las que dormirás, crearás nuevos sueños. Siento que vendrán más miedos, miedos de que nadie reemplazará nada, nada de lo que me diste, lo que dejaste y dejaste de tocar es ahora sagrado, creaste una ruta que será virgen hasta que vuelvas, y no volverás, no volverás porque te has ido, te has ido para enamorarte de nuevo. Con el alma de marinero que te lleva dentro de mi, con el alma de soldado me debiste haber enseñado a combatir esta guerra, me metiste en una guerra y no tengo armas en estos momentos para salir. No quiero mirar el suelo pero me pesa la cabeza, no dejo de pensar en vos, en que nunca debi haberte dejado ir y que sí, que te largues, y que me dejes esa ilusión ridícula de pensar que algún día voy a encontrar un tonto como vos, en esta ciudad no son tontos, en esta ciudad son demasiado cuerdos, tanto que no me sirven. No quiero dejar de pensarte porque pensarte me saca mil sonrisas, en estos momentos, justo en este momento dejaría de reir y amarraría mis labios solamente por tener cinco minutos más con vos, me encanta no poder hijodeputa, me encanta que nieguen las cosas.... (Grabación de un día triste en el que te fuiste)